Los que nunca estuvieron (Crónica)
Julio Durán |
||
I |
||
Quizás el primer hecho que condujo a esta tragedia fue aquella revuelta en el sur del país. Aquella vez, el gobierno cedió ante la imponente unidad de una población, que si bien no era la más rebelde o crítica al gobierno ni al modelo económico, sí albergaba a pequeños comerciantes, pujantes baluartes de una economía emergente que se había abierto camino entre la informalidad y la precariedad. Aquella tarde, quince mil personas bloquearon la carretera exigiendo mayores ingresos provenientes de la explotación minera en sus territorios y tomaron como rehenes a más de sesenta policías. Fue un hecho vergonzoso para los conservadores que exigían el envío de militares, el uso de armas de fuego contra la población; consideraban el hecho como una impune afrenta a la autoridad capitalina, que estaba llevando por buen recaudo la economía nacional, promoviendo la iniciativa privada y el ingreso de capitales extranjeros. Fui enviado a esa zona a tomar fotos junto a mi compañera Melinda, que por ese entonces era ya editora de la sección política del diario donde trabajábamos. Una semana más tarde, después de que el gobierno cediera ante las protestas, fuimos enviados al Ministerio del Interior a cubrir las declaraciones del ministro, que con todo cinismo y descaro, seguía insistiendo, sin pruebas, en un complot comunista financiado por gobiernos extranjeros “interesados en desestabilizar a la nación”. “No podemos permitir que esto vuelva a suceder –decía el director del periódico conservador más vendido de Lima-. ¿Y si mañana deciden levantarse otras provincias? En este país, por culpa de pasados gobiernos socialistoides, tenemos una lamentable organización política que ha dado poder a caciques provincianos que se pavonean con sus cargos y se creen con poder para hablarle de igual a igual al presidente de la república. A las dos semanas, Melinda fue enviada a la selva, a entrevistar a los policías de la comisaría en donde se hallaban detenidos cincuenta y dos nativos achuares acusados de sabotear una refinería petrolera erigida en sus territorios. “¿Cómo es posible que se les otorgue a esos grupos, cuyos intereses están tan distanciados del progreso, territorios tan vastos e importantes para el desarrollo de la nación? –se preguntaba el segundo vicepresidente de la República, un ex marino, acusado de haber cometido abusos contra la población en zona de emergencia en los años 80s-. No podemos permitir que esos grupos se amparen en el sentimentalismo y el chantaje para quitarle a todos los pobladores de la nación un beneficio”. - Si los vieras… -me contaba Melinda-. Son hombres que apenas hablan el castellano, casi lo mastican. Está demostrado que ni siquiera estaban en el lugar de los hechos, las investigaciones muestran que ellos no prendieron fuego a las instalaciones, pero no los sueltan, porque saben que sería mala propaganda para este gobierno. |
||